Para nada. No necesito ni tequila, ni whisky, ni ron. Tampoco mezcal, menos brandy. Un vaso de agua basta para saciar mi cuerpo, darle valor al espíritu y enfrentar la tentación de verte.
Dos pilares que sostienen un buen argumento. Dos diamantes verdes que quieren lo que yo quiero.
Entre esos pilares llamadas piernas tienen el poema que quiero decir. Tienes todo; aroma, letras, sabor a literatura. Quiero saciar ese gusto, quiero ser el poeta de ese arte tuyo. Ser lengua de tus poemas. Porque te desvisto con la mirada. Te hago mía en segundos, en años luz. Eres mía ya desde hace tiempo y no lo sabes. Pienso en ti. En tu literatura, en tus manos. En tus uñas rojas.
No quiero que seas tentación. Por eso ya no te miro. No con los ojos, no de frente. No es por miedo. Es por mi propio bien. Hay palabras que se las lleva el viento, y literatura agridulce que se disfruta, pero que encanta y resulta placentera como peligrosa.
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