Es por demás, bastante curioso. Ella te observa, tú miras a otra mujer, esa mujer mira a otro y ese otro a otra, así en un ciclo de miradas ignoradas que viajan gratis por el mundo en primera clase.
Benditas las miradas que se encuentran, que se conectan con los ojos opuestos y se besan las pupilas. Dichosos los ojos que te ven, malditos eternos los que te esquivan. Así comienza y acaba, el ciclo de las miradas ignoradas.
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