domingo, 5 de febrero de 2017

Trueque divino

Te cambio Dios, los cortados por sus besos, por favor, que buena falta me hacen. Te doy mi naranjo por sus labios, mis novelas por su sexo y mis sonrisas por sus brazos. Me urge tocarla, sentir su piel, sus mejillas en mi pecho cuando después de hacer el amor y hablar de la luna y las estrellas se queda dormida.

Te doy mis poemas y mis memorias a cambio de sus cabellos, es un trato que no puedes evitar. O bien te intercambio mis anhelos por un sueño entre sus pechos. Por recorrer con mis párpados su camino de gloria que es su cuerpo. Quiero y necesito besar la comisura de sus rojos y carnosos labios.

Te obsequio mis retratos por el dulce olor a maple de sus muslos, los cual amo de corazón recorrer con mis dedos, sentir la carne de su divinidad en mi posesión, como un regalo tuyo, un proyecto celestial llamado mujer y que puedo ver, oler, tocar, sentir, amar y amar y amar. Y por su nombre que amo tanto, el solo hecho de pronunciarlo es ya un poema. Si fuera una marca resgistrada, un dominio, una patente de Dios, sería pobre, debería millones de monedas, de billetes, de impuestos y de suertes. Cada mañana, cada medio día, cada noche lo pronunció en mis pensamientos como un rito. Tu nombre es jazz para mis oídos, es medicina auditiva, es la mejor palabra. Sencilla y corta pero la mejor de todas, ¿por qué nunca sale en los libros? Serían bestsellers si la utilizaran. Tontos autores.

Te cambio las postales de mis recuerdos por su risa. Te regalo mi colección de cuarzos por los placeres más salvajes y los orgasmos duraderos de sudores fríos que con ella quiero.

Te cambio Dios, el final del diario lunes por un martes en sus ojos, te cambio un miércoles de enojos
por un jueves de virtudes y un viernes de paseos por la playa. Te cambio todos los postres de vainilla que me quedan por probar por un beso honesto, el suyo. No importa que ella sea mucho mayor, mucho más madura y pura. La amo y he leído los términos y condiciones que me has puesto.

Firmo, vendo o intercambio una tarde de gran viento, una noche en firmamento, por caer en su mirada, cerrar los ojos y sentir el aliento de su cariño. El trueque divino le llaman, a lo que estoy a punto de hacer.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario